martes, 26 de noviembre de 2013

Lucky (la medusa afortunada) parte 4

Entramos a la cueva. Todo era oscuro. De momento no había nada interesante. Aún así seguimos adelante, esperando descubrir maravillas en su interior.
Despues de avanzar bastante, de pronto, se oyó unos alaridos que nos puso los tentáculos en punta. Me entró mucho miedo...
-Oh oh...- exclamó Jessie -Me temo que... se ha despertado el monstruo que habita en esta cueva... el exterminador, le llaman...
El monstruo volvió a rugir, el miedo volvió a envolvernos.
-Vámonoooooosss- gritó Jessie, y nadamos a todo gas para salir de la cueva.
Detrás nuestro nos seguía un monstruo escalofriante, similar a un pulpo gris rojizo con boca de lamprea. Reptaba con sus tentáculos ondulantes. Temía que nos atrapara antes de llegar a la salida de la cueva y nos descuartizara. Nadamos cada vez más fuerte. La angustia nos invadía.

Logramos salir de la cueva y nadamos hacia arriba alejándonos aún más del monstruo. ¡Qué alivio!

¡¡Horror!! El pulpo se estaba acercando al arrecife. Empezó a masacrar ese paisaje sicodélico, aterrorizando a todos los peces y otros animales que habitaban el lugar. Incluso los devoraba. Los peces huían desesperados por su supervivencia. Se me hizo insoportable ver aquel panorama.

Así que decidí actuar. Salí del escondite y me enfrenté al monstruo.
-¡Te la vas a ver conmigo, monstruo!- grité.
Me lancé hacia él y extendí mis tentáculos sobre su gelatinoso cuerpo, esperando anularlo con mi veneno. El monstruo se debatía como un loco al principio, intentando deshacerme de mí. Incluso me golpeaba con sus tentáculos. Al final se debilitó y cayó al suelo;  acabó muriendo gracias a mi mortífero veneno.

Los peces, que observaban mi lucha desde su arrecife, me miraban alucinados. Les oí exclamar: "Una avispa marina nos ha librado del exterminador", "Yo creí que todas las avispas marinas son malas". Sí, claro, como si todos los animales venenosos fuéramos malos.
Tras un momento de asombro, los peces gritaron de júbilo y corrieron hacia mí. "¡Bieeeen! ¡Ha fulminado al exterminador!", "¡Tres hurras por la avispa!", "¡Nuestro salvador!" gritaban, mientras me llevaban sobre sus lomos. Quedé muy contento, emocionado, era la primera vez en mi vida que me aceptaban. Era sensacional.
Se me acercó un pez y empezó a recitarme:
-He de felicitarte, has derribado al invencible y temido exterminador. ¡Eres un héroe! Sólo tú con tus letales tentáculos has podido vencerle. ¿Te gustaría ser el guardián del arrecife? ¡Nos protegerías de los tiburones!
¡Encima me ofrecían un encargo! Me sentí halagado y más emocionado.

De pronto, algo muy desagradable sucedió: sin darme cuenta, había tocado algunos peces con mis tentáculos y los había matado. Los peces que tenía delante mío se aterrorizaron con este espectáculo. ¡Odio ser el animal más ponzoñoso del planeta!

Continuará.

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