Estuve navegando en una barca con un amigo, no demasiado lejos de la costa, pero sí ya mar adentro. Estaba tan tranquila, observando las ondulaciones del agua salada y de los reflejos del sol, como plata que ondeaba. Me dejaba llevar por el vaivén del barco, como si fuera un columpio.
De pronto apareció algo. Se veía a lo lejos y cada vez estaba más cerca: un banco de carabelas portuguesas, un tipo de medusa muy extraña pero tan hermosa. Cientos de burbujas azules con iridiscencias rosadas en la cresta que portaban en lo alto. Ahora las teníamos rozando la barca. Quedé mirándolas tan fascinada: eran tan hermosas con esos reflejos iridisentes. Flotaban alegremente sobre el agua, pude ver bajo ellas sus tentáculos, como cabelleras rizadas turquesas ondeando y contrayéndose y estirándose. Una belleza insuperable.
Estuve tan fascinada mirándolas de lo bonitas que eran, que no me di cuenta de que sacaba más de medio cuerpo fuera de la barca para observar esas burbujas azules con más detalles. Y caí al agua. Con esas carabelas. ¡Horror! Con lo que pican esos bichos.
Esas cabelleras ensortijadas me dieron unos latigazos tremendos una y otra vez en todo el cuerpo, era como si me quemasen viva. Una sensación horrible, de no desearla ni al peor enemigo. De pronto no sentí nada.
No sentía nada a pesar de que tenía los tentáculos de las burbujas enredados en mi cuerpo, era como si me hubiera vuelto imnune a su veneno. Mejor, fin de tortura. A su vez me dí cuenta de que tampoco sentía la gravedad. Estaba... ¡flotando! Estaba en el espacio cósmico, rodeado de miles de estrellas, la Tierra bajo mis pies y la Luna muy brillante, enfrente mío. Me agarraban dos carabelas portuguesas inmensas, con sus globos del tamaño de sendas almohadas, sus tentáculos me envolvían. Montones de hilos rizados de gelatina azul alrededor de mi cuerpo.
Sentí... algo. Una emoción... extraña. Como una mezcla de perplejidad y paz. Admiración pacífica, relajada. Ese cielo negro, las estrellas muy brillantes, esa luna de enfrente, la cual se hacía cada vez más grande... nos dirigíamos hacia ella, nos acercábamos, ya se veía enorme, empezaban a distinguirse claramente los cráteres... sobrecogedor.
Varias carabelas portuguesas más nos seguían detrás nuestro. La luz de la Luna hacía evidentes los reflejos iridiscentes de sus crestas. Sus tentáculos caían hacia abajo como cabelleras rizadas. Espectacular, fascinante.
Más carabelas delante nuestro, cuya transparencia era evidenciada por la luz de la Luna a trasluz. No me cansaba de admirar esas criaturas tan bellas, tuve ganas de estar ahí para siempre: la luz de la Luna, las estrellas, esas medusas de apariencia surrealista...
De pronto todo se emborronó y se iluminó, como si la Luna hiciera demasiada luz, un resplandor cegador. Oía pitidos, agudos e intermitentes; veía todo borroso. No supe dónde estaba hasta un rato después. Entonces me dí cuenta de que estaba en una habitación de un hospital, echada sobre una cama y rodeada de máquinas y tubos... A mi lado izquierdo estaba mi madre, que me miraba sonriendo (seguro que contenta de que me haya despertado). Y un médico apareció enfrente mío.
-¡Estuve en el espacio con las carabelas portuguesas!- exclamé, aún fascinada por el espectáculo que había presenciado instantes atrás.
El médico se rió y dijo:
-Lo sé, esos bichos han estado a punto de matarte, ¡mira que picarte tantas a la vez! Con tanto veneno junto sucumbistes al coma dos semanas y aquí quedastes.
Luego siguió diciendo, sonriendo:
-Me alegro de que te hayas recuperado. Nos temíamos lo peor. Son unas criaturas muy venenosas, tuvistes mucha suerte. Si vas bien, en poco tiempo podrás volver a casa.
Después mi madre dijo que deberíamos estar agradecidos con el amigo que me acompañaba en la barca, cuando vió que me caí con esas medusas me sacó del agua rápido y se puso a buscar ayuda urgente. Si no, seguramente ya no estaría aquí.
Qué decepción. Así que ese viaje con esas medusas a la Luna era sólo un sueño, algo así como la ECM (experiencia cercana a la muerte). Había sido realmente maravilloso. Por lo menos sobreviví a las picaduras de esas mortíferas criaturas.
viernes, 28 de diciembre de 2012
viernes, 14 de diciembre de 2012
El interior de un Agujero Negro
¿Y si nos proponemos a investigar qué hay dentro de un agujero negro? ¡Genial!
Conviene una aclaración: los agujeros negros son unos objetos muy masivos (que no grandes) que existen en el espacio sideral, cuya gravedad es tan intensa que nada, ni la luz (lo más veloz que haya en el universo), puede escapar; por eso se ven negros.
Me acerco a uno, en medio del espacio cósmico. Es una masa muy oscura, rodeada de un gran disco luminoso girando alrededor suyo, el cual es atraído por la fuerte gravedad del agujero. Es un espectáculo imponente.
Me acerco aún más y empiezo a sentirme pesada a causa de su gravedad, millones de veces mayor que la de la Tierra. A medida que me aproximo, mi cuerpo se va estirando cada vez más hasta parecerme un espagueti, ya que la gravedad me tira de los pies, la parte más próxima de mi cuerpo. Sorprendentemente, no siento ningún dolor, sólo tirantez.
Llego al agujero, y éste me chupa, como si yo fuera un tallarín que estuviera siendo succionada. Ahí dentro el mundo se trastoca todo: los colores se invierten, cada color se convierte en su complementario, como si estuviera en un negativo, de modo que mi piel es de un verde muy oscuro. Allí pasan cosas muy raras. Algunos objetos son demasiado grandes, como una pequeña partícula aumentada millones de veces, se llegan a ver incluso los átomos, de una belleza indescriptible, con su núcleo luminoso e iridiscente rodeado de un tenue halo que constituyen los electrones girando a su alrededor, los cuales se ven como chiribitas plateadas-doradas. Otros son demasiado pequeños, incluso los planetas, hasta las estrellas más grandes, del tamaño de un balón de fútbol. Los soles no brillan, parecen otros agujeros negros, como aquel que me ha tragado hace unos instantes.
Me adentro aún más. Todo ese comglomerado de planetas y átomos iridiscentes van siendo cada vez más solapados por un brillo cegador que empieza a cubrir el entorno. Esa intensa luz inmaculada me envuelve, empiezo a sentir calor y paz. Me fusiono con esta luz.
La luz se va ya apagando, pasando por diferentes tonos de todo el espectro, llamado también arcoiris; yendo del rojo hasta culminar con el violeta que se va haciendo cada vez más tenue, hasta quedar completamente negro.
Ya está. Ahí acaba todo. He adentrado en un mundo en que la materia, como tal, no existe. Me he vuelto inmaterial. De mí sólo queda la consciencia: recuerdos, sentimientos y pensamientos. En esa nada inmaterial empiezo a sentirme feliz en su plenitud.
Conviene una aclaración: los agujeros negros son unos objetos muy masivos (que no grandes) que existen en el espacio sideral, cuya gravedad es tan intensa que nada, ni la luz (lo más veloz que haya en el universo), puede escapar; por eso se ven negros.
Me acerco a uno, en medio del espacio cósmico. Es una masa muy oscura, rodeada de un gran disco luminoso girando alrededor suyo, el cual es atraído por la fuerte gravedad del agujero. Es un espectáculo imponente.
Me acerco aún más y empiezo a sentirme pesada a causa de su gravedad, millones de veces mayor que la de la Tierra. A medida que me aproximo, mi cuerpo se va estirando cada vez más hasta parecerme un espagueti, ya que la gravedad me tira de los pies, la parte más próxima de mi cuerpo. Sorprendentemente, no siento ningún dolor, sólo tirantez.
Llego al agujero, y éste me chupa, como si yo fuera un tallarín que estuviera siendo succionada. Ahí dentro el mundo se trastoca todo: los colores se invierten, cada color se convierte en su complementario, como si estuviera en un negativo, de modo que mi piel es de un verde muy oscuro. Allí pasan cosas muy raras. Algunos objetos son demasiado grandes, como una pequeña partícula aumentada millones de veces, se llegan a ver incluso los átomos, de una belleza indescriptible, con su núcleo luminoso e iridiscente rodeado de un tenue halo que constituyen los electrones girando a su alrededor, los cuales se ven como chiribitas plateadas-doradas. Otros son demasiado pequeños, incluso los planetas, hasta las estrellas más grandes, del tamaño de un balón de fútbol. Los soles no brillan, parecen otros agujeros negros, como aquel que me ha tragado hace unos instantes.
Me adentro aún más. Todo ese comglomerado de planetas y átomos iridiscentes van siendo cada vez más solapados por un brillo cegador que empieza a cubrir el entorno. Esa intensa luz inmaculada me envuelve, empiezo a sentir calor y paz. Me fusiono con esta luz.
La luz se va ya apagando, pasando por diferentes tonos de todo el espectro, llamado también arcoiris; yendo del rojo hasta culminar con el violeta que se va haciendo cada vez más tenue, hasta quedar completamente negro.
Ya está. Ahí acaba todo. He adentrado en un mundo en que la materia, como tal, no existe. Me he vuelto inmaterial. De mí sólo queda la consciencia: recuerdos, sentimientos y pensamientos. En esa nada inmaterial empiezo a sentirme feliz en su plenitud.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Nacimiento del Universo
Antes no había nada. Nada de nada. Sólo tinieblas. La Reina Cosma se aburrió de tanta oscuridad y quiso hacer una luz. Reunió todas las fuerzas del mundo y encendió una gran bola de fuego y lo lanzó hacia arriba. De esta forma ya no tendría más oscuridad. Así nació el Sol.
Pero la Reina no reparó en que el Sol estaba girando alrededor de una gran bola donde estaba posada, que era la Tierra; al esconderse el Sol tras esa bola se volvía todo oscuro. Las tinieblas volvieron. Todo el esfuerzo en iluminarse, en vano.
Pasó el tiempo y el Sol volvió a salir, lo que alegró a la Reina Cosma. ¡Volvía a tener luz! Pasó un tiempo más y el Sol volvió a esconderse, otra vez oscuridad.
Tras varias metidas y salidas del Sol, la Reina llegó a la conclusión de que el Sol daba vueltas alrededor de la Tierra (en realidad era la Tierra la que giraba sobre sí misma). Por eso se escondía y se mostraba continuamente. Así que se puso a pensar cómo iluminarse en esa tiniebla, ya que no tenía ganas de hacer otra bola de fuego porque requería grandes esfuerzos para hacerla. Y tuvo una idea: crear un espejo que se colocaría en el lado opuesto de la Tierra para que reflejara la luz del Sol y la iluminara en esa tiniebla.
Cogió grandes cantidades de aluminio que había en la Tierra, lo moldeó y pulió una cara, haciendo que reflejara todo. Así hizo un enorme espejo. Lo lanzó y así desde el lado opuesto al del Sol reflejaba la luz de éste. Ya no más oscuridad, nunca más, ya que cuando se escondía el Sol tenía ese espejo que iluminaba el entorno. Así nació la Luna.
Pero la parte trasera del espejo tenía una grieta en que la Reina Cosma no reparó. La grieta creció y creció, hasta que un día estalló en miles de trozos, quedando la cara sorprendemente intacta a pesar de. Esos trozos se esparcieron por el espacio y los veía la Reina Cosma desde la Tierra como varios puntos brillantes. Le pareció ten hermoso, como chiribitas en el cielo, que ni se molestó en barrerlo. Nacieron las estrellas.
Así de esta forma nació lo que conocemos como el universo.
Ja ja otro diferente, no va a ser todo de medusas... =)
Pero la Reina no reparó en que el Sol estaba girando alrededor de una gran bola donde estaba posada, que era la Tierra; al esconderse el Sol tras esa bola se volvía todo oscuro. Las tinieblas volvieron. Todo el esfuerzo en iluminarse, en vano.
Pasó el tiempo y el Sol volvió a salir, lo que alegró a la Reina Cosma. ¡Volvía a tener luz! Pasó un tiempo más y el Sol volvió a esconderse, otra vez oscuridad.
Tras varias metidas y salidas del Sol, la Reina llegó a la conclusión de que el Sol daba vueltas alrededor de la Tierra (en realidad era la Tierra la que giraba sobre sí misma). Por eso se escondía y se mostraba continuamente. Así que se puso a pensar cómo iluminarse en esa tiniebla, ya que no tenía ganas de hacer otra bola de fuego porque requería grandes esfuerzos para hacerla. Y tuvo una idea: crear un espejo que se colocaría en el lado opuesto de la Tierra para que reflejara la luz del Sol y la iluminara en esa tiniebla.
Cogió grandes cantidades de aluminio que había en la Tierra, lo moldeó y pulió una cara, haciendo que reflejara todo. Así hizo un enorme espejo. Lo lanzó y así desde el lado opuesto al del Sol reflejaba la luz de éste. Ya no más oscuridad, nunca más, ya que cuando se escondía el Sol tenía ese espejo que iluminaba el entorno. Así nació la Luna.
Pero la parte trasera del espejo tenía una grieta en que la Reina Cosma no reparó. La grieta creció y creció, hasta que un día estalló en miles de trozos, quedando la cara sorprendemente intacta a pesar de. Esos trozos se esparcieron por el espacio y los veía la Reina Cosma desde la Tierra como varios puntos brillantes. Le pareció ten hermoso, como chiribitas en el cielo, que ni se molestó en barrerlo. Nacieron las estrellas.
Así de esta forma nació lo que conocemos como el universo.
Ja ja otro diferente, no va a ser todo de medusas... =)
viernes, 7 de diciembre de 2012
La vida de la medusa Lianne
Una larva resultado de la unión de dos gametos expulsados por dos medusas se asentó en el suelo y se transformó en un pólipo, que se alimentaba de las partículas flotantes que agarraba con sus tentáculos. Un tiempo después, el pólipo se dividió en en varios seres con tentáculos llamados éfiras, un estado precedente a la medusa; las éfiras se separaron de la base tras enormes esfuerzos agitando sus tentáculos.
Me centraré en una éfira, que se llama Lianne, que por fin había conseguido liberarse y ahora nadaba sola, a su aire, enfrentándose a los depredadores con que se encontraba.
Un tiempo después, Lianne se convirtió en una bonita medusa, con larguísimos tentáculos. Lianne se dió cuenta de que todo ser vivo que tocaba con sus tentáculos quedaba paralizado y moría. Tocaba un pez y éste moría unos instantes después. Pero no sabía por qué era, tenía curiosidad por saber su causa.
Un día le preguntó a su hermana Estela:
-Ey, Estela, ¿qué le pasa a nuestros tentáculos? Cada vez que toco a alguien, éste muere... menos nosotras, claro. Es muy muy extraño.
Estela tampoco sabía decir por qué era. Tentáculos misteriosos, como hechizados.
Pero sí lo sabía un pez que pasaba por ahí, que les explicó desde una distancia prudencial:
-Yo sí sé porqué. Vuestros tentáculos son venenosos. Cada vez que tocáis a alguien, lo envenenáis con vuestros filamentos urticantes y, lógicamente, muere... por efecto de vuestro veneno.
Lianne miró alucinada sus tentáculos. Esos tentáculos... venenosos. Dentro había una sustancia mortal, con la que mataba a peces. Ya decía ella... Aclarado el misterio.
-¡Qué guay!- exclamó Lianne, admirada -Así no voy a tener depredadores...
-¡Qué ilusa!- se burló el pez -Os va a pasar algo más que la simple falta de depredadores, algo más gordo...- y se fue sin decir nada más.
Sin dejar tiempo a Lianne preguntar qué era eso grave que le iba a ocasionar el ser una criatura venenosa.
Lianne creció y creció a base de ser alimentada con peces que iba matando con sus tentáculos venenosos y se hizo una hermosa medusa adulta, tan bella como letal, con esos tentáculos de metros de largo.
Justo por sus tentáculos letales, ella nadaba tranquila y segura, sabiendo que los depredadores no iban a atreverse a atacarla. Pero pasó esto: no sólo no se le acercaban los depredadores, ¡no se le acercaba nadie! Le tenían miedo y huían de ella.
Una vez Lianne intentó acercarse a un pez bebé que se encontró por ahí y que la engatusó:
-Holaaaa, pequeño, ¿cómo te llamas? ¿Quieres venir?
Y se le acercó la madre histérica:
-¡No te acerques a la medusa, es muy peligrosa! ¡Tú, la medusa, vete, fuera! ¡Desaparece! ¡No vuelvas a acercarte a mi hijo!
Otra vez (más de una vez, mejor dicho), Lianne encontraba a un grupo de peces hablando y riéndose. Quiso estar con ellos, hablar, reír, compartir cosas. Se acercaba a ellos y decía:
-Hola, chicos, ¿puedo estar con vosotros?
Antes de que ella acabara la frase los peces habían desaparecido.
Otra vez quería consolar a un pez al que pilló llorando.
-¿Te pasa algo? ¿Te puedo ayudar?
-¡Síii! ¿Se han enfadado mucho conmigo porque yo quería que...!
Se acercó otro pez, enseguida se llevó al que estaba llorando y le dijo a Lianne.
-Nada que ver. No es asunto tuyo.
Y se escaparon rápidamente. Elle sólo quería consolarle y ayudarle, nada más.
Y un sinfín de experiencias parecidas, en que ella era constantemente rechazada. Eso dolía.
Lianne se sintió mal.¡Nadie quería estar con ella! Y eso por llevar tentáculos ponzoñosos. No tener depredadores le daba seguridad, pero no tener amigos le superaba. Casi hubiera preferido no ser venenosa, no habría sido tan rechazada por miedo.
Lianne se deprimió, se desanimó. Así no quería vivir, ¡aquello le podía! ¡La soledad le oprimía! Y peor aún era sentirse excluida.
Seguro que era ese algo gordo que le quería advertir ese pez hacía ya tiempo, pensó ella. Razón que tenía el pez.
Alguien preguntó desde su lado derecho:
-¿Qué te pasa? Te veo deprimida...
Lianne miró en dirección de la voz, y vió que le hablaba otra medusa, igual que ella, con tentáculos tan largos como los de ella. Lianne se desahogó respondiendo:
-¡Todo el mundo me odia! Me acerco a cualquier pez y se escapa o me echa. ¿Sabes lo mucho que duele?- se calló y se miró sus tentáculos kilométricos -Creo que se debe a mis tentáculos venenosos...
-Lo entiendo, a mí y a mis compañeros nos pasa- dijo la medusa acompañante -A nosotros también nos odian. ¿Y si te vienes con nosotras? ¡No tienes por qué estar sola!
A Lianne se le iluminó la cara y exclamó:
-¿En serio?
-¡Pues claro! Con mi grupo estarías como en casa, te lo aseguro.
-¡¡Ay!!- exclamó Lianne, muy contenta. Por fin no estaría sola más... y no se sentiría sola con su sentimiento de verse rechazada. Acababa de juntarse con gente afín a ella. Empezó a sentirse bien.
-¡Sí! ¡Voy contigo y los tuyos! ¡Vamos!- exclamó Lianne, eufórica.
Lianne se fue con su compañera, descubriendo con sorpresa que era su hermana Estela (que hacía mogollón de tiempo que no veía a ella ni a su gente, desde que era niña), y se juntó con las demás medusas como ella, que la aceptaban como a una más. Lianne se sintió muy feliz.
Me centraré en una éfira, que se llama Lianne, que por fin había conseguido liberarse y ahora nadaba sola, a su aire, enfrentándose a los depredadores con que se encontraba.
Un tiempo después, Lianne se convirtió en una bonita medusa, con larguísimos tentáculos. Lianne se dió cuenta de que todo ser vivo que tocaba con sus tentáculos quedaba paralizado y moría. Tocaba un pez y éste moría unos instantes después. Pero no sabía por qué era, tenía curiosidad por saber su causa.
Un día le preguntó a su hermana Estela:
-Ey, Estela, ¿qué le pasa a nuestros tentáculos? Cada vez que toco a alguien, éste muere... menos nosotras, claro. Es muy muy extraño.
Estela tampoco sabía decir por qué era. Tentáculos misteriosos, como hechizados.
Pero sí lo sabía un pez que pasaba por ahí, que les explicó desde una distancia prudencial:
-Yo sí sé porqué. Vuestros tentáculos son venenosos. Cada vez que tocáis a alguien, lo envenenáis con vuestros filamentos urticantes y, lógicamente, muere... por efecto de vuestro veneno.
Lianne miró alucinada sus tentáculos. Esos tentáculos... venenosos. Dentro había una sustancia mortal, con la que mataba a peces. Ya decía ella... Aclarado el misterio.
-¡Qué guay!- exclamó Lianne, admirada -Así no voy a tener depredadores...
-¡Qué ilusa!- se burló el pez -Os va a pasar algo más que la simple falta de depredadores, algo más gordo...- y se fue sin decir nada más.
Sin dejar tiempo a Lianne preguntar qué era eso grave que le iba a ocasionar el ser una criatura venenosa.
Lianne creció y creció a base de ser alimentada con peces que iba matando con sus tentáculos venenosos y se hizo una hermosa medusa adulta, tan bella como letal, con esos tentáculos de metros de largo.
Justo por sus tentáculos letales, ella nadaba tranquila y segura, sabiendo que los depredadores no iban a atreverse a atacarla. Pero pasó esto: no sólo no se le acercaban los depredadores, ¡no se le acercaba nadie! Le tenían miedo y huían de ella.
Una vez Lianne intentó acercarse a un pez bebé que se encontró por ahí y que la engatusó:
-Holaaaa, pequeño, ¿cómo te llamas? ¿Quieres venir?
Y se le acercó la madre histérica:
-¡No te acerques a la medusa, es muy peligrosa! ¡Tú, la medusa, vete, fuera! ¡Desaparece! ¡No vuelvas a acercarte a mi hijo!
Otra vez (más de una vez, mejor dicho), Lianne encontraba a un grupo de peces hablando y riéndose. Quiso estar con ellos, hablar, reír, compartir cosas. Se acercaba a ellos y decía:
-Hola, chicos, ¿puedo estar con vosotros?
Antes de que ella acabara la frase los peces habían desaparecido.
Otra vez quería consolar a un pez al que pilló llorando.
-¿Te pasa algo? ¿Te puedo ayudar?
-¡Síii! ¿Se han enfadado mucho conmigo porque yo quería que...!
Se acercó otro pez, enseguida se llevó al que estaba llorando y le dijo a Lianne.
-Nada que ver. No es asunto tuyo.
Y se escaparon rápidamente. Elle sólo quería consolarle y ayudarle, nada más.
Y un sinfín de experiencias parecidas, en que ella era constantemente rechazada. Eso dolía.
Lianne se sintió mal.¡Nadie quería estar con ella! Y eso por llevar tentáculos ponzoñosos. No tener depredadores le daba seguridad, pero no tener amigos le superaba. Casi hubiera preferido no ser venenosa, no habría sido tan rechazada por miedo.
Lianne se deprimió, se desanimó. Así no quería vivir, ¡aquello le podía! ¡La soledad le oprimía! Y peor aún era sentirse excluida.
Seguro que era ese algo gordo que le quería advertir ese pez hacía ya tiempo, pensó ella. Razón que tenía el pez.
Alguien preguntó desde su lado derecho:
-¿Qué te pasa? Te veo deprimida...
Lianne miró en dirección de la voz, y vió que le hablaba otra medusa, igual que ella, con tentáculos tan largos como los de ella. Lianne se desahogó respondiendo:
-¡Todo el mundo me odia! Me acerco a cualquier pez y se escapa o me echa. ¿Sabes lo mucho que duele?- se calló y se miró sus tentáculos kilométricos -Creo que se debe a mis tentáculos venenosos...
-Lo entiendo, a mí y a mis compañeros nos pasa- dijo la medusa acompañante -A nosotros también nos odian. ¿Y si te vienes con nosotras? ¡No tienes por qué estar sola!
A Lianne se le iluminó la cara y exclamó:
-¿En serio?
-¡Pues claro! Con mi grupo estarías como en casa, te lo aseguro.
-¡¡Ay!!- exclamó Lianne, muy contenta. Por fin no estaría sola más... y no se sentiría sola con su sentimiento de verse rechazada. Acababa de juntarse con gente afín a ella. Empezó a sentirse bien.
-¡Sí! ¡Voy contigo y los tuyos! ¡Vamos!- exclamó Lianne, eufórica.
Lianne se fue con su compañera, descubriendo con sorpresa que era su hermana Estela (que hacía mogollón de tiempo que no veía a ella ni a su gente, desde que era niña), y se juntó con las demás medusas como ella, que la aceptaban como a una más. Lianne se sintió muy feliz.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Etérea (continuación)
Pues eso... la continuación del cuento anterior ^^
Seguí viajando con la medusa, observando su grácil belleza y sus suaves movimientos, totalmente hipnotizada, de vez en cuando yo la acariciaba y ella me correspondía envolviendo mi mano con su cinta ondulada.
A medida que iba avanzando con la medusa, el entorno verde-azulado se iba volviendo cada vez más oscuro, lo que me hizo saber que estábamos descendiendo hacia el fondo. Cada vez más se hacía evidente que la medusa tenía luz propia. Desde las entrañas de su campana irradiaba una luz blanco-azulada que recorrían los tentáculos como si fueran éstos de fibras ópticas. Parecía una figurita luminosa de navidad. Me admiraba por esta luz, que parecía surgir del misteriosamente del mismísimo fondo de la criatura.
Seguí acompañando a la medusa luminiscente en su travesía, observando admirada su brillo. De pronto tuve un extraño cambio, me sentí aún más ligera en el agua, tan etérea como la medusa. Parecía que todo mi peso había desaparecido por completo. Me di cuenta un poco más tarde de que me había convertido en una medusa, como mi compañera, igual que ella y con la misma luminiscencia azul. Seguimos nadando, las dos juntas, bombeando nuestras campanas y dejando arrastrar nuestros tentáculos, como largas estelas.
Segí nadando muy feliz con mi compañera, tan grácil, ajena a todo, en un entorno oscuro iluminado con nuestra luz. Tan tranquila, relajada, igual que mis movimientos. Tan etérea.
Acabado!! los dibujos van cuando las vacas vuelen (era broma jajaja)
Seguí viajando con la medusa, observando su grácil belleza y sus suaves movimientos, totalmente hipnotizada, de vez en cuando yo la acariciaba y ella me correspondía envolviendo mi mano con su cinta ondulada.
A medida que iba avanzando con la medusa, el entorno verde-azulado se iba volviendo cada vez más oscuro, lo que me hizo saber que estábamos descendiendo hacia el fondo. Cada vez más se hacía evidente que la medusa tenía luz propia. Desde las entrañas de su campana irradiaba una luz blanco-azulada que recorrían los tentáculos como si fueran éstos de fibras ópticas. Parecía una figurita luminosa de navidad. Me admiraba por esta luz, que parecía surgir del misteriosamente del mismísimo fondo de la criatura.
Seguí acompañando a la medusa luminiscente en su travesía, observando admirada su brillo. De pronto tuve un extraño cambio, me sentí aún más ligera en el agua, tan etérea como la medusa. Parecía que todo mi peso había desaparecido por completo. Me di cuenta un poco más tarde de que me había convertido en una medusa, como mi compañera, igual que ella y con la misma luminiscencia azul. Seguimos nadando, las dos juntas, bombeando nuestras campanas y dejando arrastrar nuestros tentáculos, como largas estelas.
Segí nadando muy feliz con mi compañera, tan grácil, ajena a todo, en un entorno oscuro iluminado con nuestra luz. Tan tranquila, relajada, igual que mis movimientos. Tan etérea.
Acabado!! los dibujos van cuando las vacas vuelen (era broma jajaja)
domingo, 2 de diciembre de 2012
Mi primer... cuento
Bueno!! Esta es mi primera entrada, y aquí en mi sitio os encontraréis con mis cuentos, dibujos y otras cosas mías. Lo dicho en el título del blog: mis cartas ja ja ja...
Y como no voy a empezar mi primera entrada sin nada que decir, empiezo ya mismo con un cuento... de medusas. Hasta hace poco era una apasionada de estas criaturas........
ETÉREA
Me vi sumergida en el agua salada del mar, en medio del océano. Azul verdoso, cálido, inmenso. Acogedor. Me ví buceando a pleno pulmón, vagando sin rumbo, simplemente disfrutando de la ingravidez azul del mar. Era un momento muy feliz.
De pronto me di cuenta de que una medusa nadaba cerca mío. Una bella y hermosa medusa, como gasa etérea en el agua. Una campana plana de tamaño mediano, cuyas franjas azules se prolongaban en larquísimos tentáculos del borde, de color turquesa también. Sus tentáculos centrales, blancos azulados traslúcidos, parecían largas cintas onduladas, como si de un vestido de bailarinas se tratase.
Quedé hipnotizada mirando la medusa, atrapada por su belleza etérea y sus suaves movimientos natatorios, sus etéreas contracciones de su campana con el fin de empujarse hacia adelante. Le acaricié por los tentáculos, de arriba a abajo, disfrutando cada pliegue del fruncido de sus cintas, disfrutando de su translucidez y de su textura. Era emocionante.
Recordé de repente que portaba un zurrón con algunos peces que había pescado. Saqué uno del saco y se lo puse en los tentáculos de la medusa; éstos envolvieron el pez y se retrajeron para llevarlo a la boca, situada bajo la campana, entre las cintas onduladas. Ahí desapareció el pez que le había dado, envuelto en una maraña de hilos.
Le di otro pez. Me encantaba ver cómo esos tentáculos envolvían el pez y quise repetir la experiencia. Así hasta el tercer pez, que era ya el último. Después de la sesión de comida la medusa me pasó sus tentáculos sobre mi cara como si quisiera darme las gracias.
-- Continuará -- Que estoy un poco vaga y además estoy probando jejeje
Y como no voy a empezar mi primera entrada sin nada que decir, empiezo ya mismo con un cuento... de medusas. Hasta hace poco era una apasionada de estas criaturas........
ETÉREA
Me vi sumergida en el agua salada del mar, en medio del océano. Azul verdoso, cálido, inmenso. Acogedor. Me ví buceando a pleno pulmón, vagando sin rumbo, simplemente disfrutando de la ingravidez azul del mar. Era un momento muy feliz.
De pronto me di cuenta de que una medusa nadaba cerca mío. Una bella y hermosa medusa, como gasa etérea en el agua. Una campana plana de tamaño mediano, cuyas franjas azules se prolongaban en larquísimos tentáculos del borde, de color turquesa también. Sus tentáculos centrales, blancos azulados traslúcidos, parecían largas cintas onduladas, como si de un vestido de bailarinas se tratase.
Quedé hipnotizada mirando la medusa, atrapada por su belleza etérea y sus suaves movimientos natatorios, sus etéreas contracciones de su campana con el fin de empujarse hacia adelante. Le acaricié por los tentáculos, de arriba a abajo, disfrutando cada pliegue del fruncido de sus cintas, disfrutando de su translucidez y de su textura. Era emocionante.
Recordé de repente que portaba un zurrón con algunos peces que había pescado. Saqué uno del saco y se lo puse en los tentáculos de la medusa; éstos envolvieron el pez y se retrajeron para llevarlo a la boca, situada bajo la campana, entre las cintas onduladas. Ahí desapareció el pez que le había dado, envuelto en una maraña de hilos.
Le di otro pez. Me encantaba ver cómo esos tentáculos envolvían el pez y quise repetir la experiencia. Así hasta el tercer pez, que era ya el último. Después de la sesión de comida la medusa me pasó sus tentáculos sobre mi cara como si quisiera darme las gracias.
-- Continuará -- Que estoy un poco vaga y además estoy probando jejeje
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