Estuve navegando en una barca con un amigo, no demasiado lejos de la costa, pero sí ya mar adentro. Estaba tan tranquila, observando las ondulaciones del agua salada y de los reflejos del sol, como plata que ondeaba. Me dejaba llevar por el vaivén del barco, como si fuera un columpio.
De pronto apareció algo. Se veía a lo lejos y cada vez estaba más cerca: un banco de carabelas portuguesas, un tipo de medusa muy extraña pero tan hermosa. Cientos de burbujas azules con iridiscencias rosadas en la cresta que portaban en lo alto. Ahora las teníamos rozando la barca. Quedé mirándolas tan fascinada: eran tan hermosas con esos reflejos iridisentes. Flotaban alegremente sobre el agua, pude ver bajo ellas sus tentáculos, como cabelleras rizadas turquesas ondeando y contrayéndose y estirándose. Una belleza insuperable.
Estuve tan fascinada mirándolas de lo bonitas que eran, que no me di cuenta de que sacaba más de medio cuerpo fuera de la barca para observar esas burbujas azules con más detalles. Y caí al agua. Con esas carabelas. ¡Horror! Con lo que pican esos bichos.
Esas cabelleras ensortijadas me dieron unos latigazos tremendos una y otra vez en todo el cuerpo, era como si me quemasen viva. Una sensación horrible, de no desearla ni al peor enemigo. De pronto no sentí nada.
No sentía nada a pesar de que tenía los tentáculos de las burbujas enredados en mi cuerpo, era como si me hubiera vuelto imnune a su veneno. Mejor, fin de tortura. A su vez me dí cuenta de que tampoco sentía la gravedad. Estaba... ¡flotando! Estaba en el espacio cósmico, rodeado de miles de estrellas, la Tierra bajo mis pies y la Luna muy brillante, enfrente mío. Me agarraban dos carabelas portuguesas inmensas, con sus globos del tamaño de sendas almohadas, sus tentáculos me envolvían. Montones de hilos rizados de gelatina azul alrededor de mi cuerpo.
Sentí... algo. Una emoción... extraña. Como una mezcla de perplejidad y paz. Admiración pacífica, relajada. Ese cielo negro, las estrellas muy brillantes, esa luna de enfrente, la cual se hacía cada vez más grande... nos dirigíamos hacia ella, nos acercábamos, ya se veía enorme, empezaban a distinguirse claramente los cráteres... sobrecogedor.
Varias carabelas portuguesas más nos seguían detrás nuestro. La luz de la Luna hacía evidentes los reflejos iridiscentes de sus crestas. Sus tentáculos caían hacia abajo como cabelleras rizadas. Espectacular, fascinante.
Más carabelas delante nuestro, cuya transparencia era evidenciada por la luz de la Luna a trasluz. No me cansaba de admirar esas criaturas tan bellas, tuve ganas de estar ahí para siempre: la luz de la Luna, las estrellas, esas medusas de apariencia surrealista...
De pronto todo se emborronó y se iluminó, como si la Luna hiciera demasiada luz, un resplandor cegador. Oía pitidos, agudos e intermitentes; veía todo borroso. No supe dónde estaba hasta un rato después. Entonces me dí cuenta de que estaba en una habitación de un hospital, echada sobre una cama y rodeada de máquinas y tubos... A mi lado izquierdo estaba mi madre, que me miraba sonriendo (seguro que contenta de que me haya despertado). Y un médico apareció enfrente mío.
-¡Estuve en el espacio con las carabelas portuguesas!- exclamé, aún fascinada por el espectáculo que había presenciado instantes atrás.
El médico se rió y dijo:
-Lo sé, esos bichos han estado a punto de matarte, ¡mira que picarte tantas a la vez! Con tanto veneno junto sucumbistes al coma dos semanas y aquí quedastes.
Luego siguió diciendo, sonriendo:
-Me alegro de que te hayas recuperado. Nos temíamos lo peor. Son unas criaturas muy venenosas, tuvistes mucha suerte. Si vas bien, en poco tiempo podrás volver a casa.
Después mi madre dijo que deberíamos estar agradecidos con el amigo que me acompañaba en la barca, cuando vió que me caí con esas medusas me sacó del agua rápido y se puso a buscar ayuda urgente. Si no, seguramente ya no estaría aquí.
Qué decepción. Así que ese viaje con esas medusas a la Luna era sólo un sueño, algo así como la ECM (experiencia cercana a la muerte). Había sido realmente maravilloso. Por lo menos sobreviví a las picaduras de esas mortíferas criaturas.
Amaia qué bonito! me ha resultado fascinante.
ResponderEliminarAunque sea en sueños admirar la belleza de las cosas depende de la sensibilidad de la persona.
Te quiero Ama